Música para la entrada:
"Perdón por el gran sinsentido, por querer comprenderlo y sobre todo por no comprender. Perdón."
Nacho Vegas - En la Sed Mortal
Hace años que vengo sintiendo una creciente preocupación por el estado del planeta, unas progesivamente mayores vergüenza e indignación por lo que nosotros, lo seres humanos -y por supuesto me incluyo en el lote, que no estoy libre de culpa- estamos haciendo con nuestro hábitat natural.
Sentía, y en cierto modo sigo sintiendo,miedo y pena por lo que nos espera a la vuelta de la esquina. Sobre todo me angustia pensar lo que le queda vivir a mi hijo, y a los hijos que él tenga.
Perdí mucho tiempo preguntándome por qué, intentando averiguar qué es eso que opera en los seres humanos en contra de su futuro, en contra de sí mismos, en favor de la destrucción de lo que necesitamos para sobrevivir, qué hace que seamos la única especie que obra de tal paradójica forma.
Hace un par de meses, visitando una exposición bastante gráfica, cuidada y detallada de lo que se cree ha sido la evolución de la especie humana a lo largo de millones de años, se me ocurrió preguntarme en qué momento todo se echó a perder. Pensé en la Revolución Industrial. No, qué va, la cosa tiene que venir de mucho antes. En el Imperio Romano. Tampoco, me pareció que ahí ya estábamos en un camino de no retorno... ¿Habrá sido la aparición de la agricultura y la doma de las bestias como algunos proponen?. Pues pienso que ya antes estábamos abocados al fracaso. Puede que el descubrimiento del fuego o la invención de la rueda fuesen puntos básicos en la perdición de la humanidad.
Se me va a entender mal, ya lo sé. No estoy diciendo que acontecimientos tan importantes en el curso de la Historia de los seres humanos no hayan sido avances enormes que nos hayan servido de gran beneficio. Estoy intentando preguntarme y responderme a la pregunta de si , por las características de nuestra especie, por nuestran tendencias, por nuestros modos de comportamiento, no estaría ya bastante claro que el progreso científico y tecnológico iba a llevarnos a cavar nuestra propia tumba -y la del resto de habitantes del planeta, por extensión-.
No es que sea partidaria del estancamiento ni creo que haber evolucionado haya sido un error. Ha sido un proceso maravilloso de crecimiento y aprendizaje que nos ha hecho lo que somos y nos ha aportado satisfacciones y comodidades tan numerosas que sería imposible enumerar ahora.
De lo que me he dado cuenta viendo esa exposición y haciéndome todas esas preguntas, es de que todo está bien así. Que nos estamos cargando el entorno y seguramente pereceremos con ello, y que es necesario. No sé si habrá una extinción de la especie, pero si la hay será el proceso natural en el que, aunque no lo parezca, la vida salga vencedora al final, en el que el Planeta se recupere y se cure de todos los daños, desperfectos e irrespetos que nuestra clase le ha infligido. Y si nosotros desaparecemos, algo vendrá después que será diferente y, respetuoso o no con el mundo, al menos le dejará descansar y recuperarse durante un período de tiempo suficiente.
No somos tan importantes. La Vida es lo importante, no la nuestra, la Vida con mayúsculas, esa fuerza inexplicable que siempre encuentra la forma de perdurar. Y si nosotros somos un obstáculo para ella, o si estamos poco a poco abriéndole heridas, estará más que bien que desaparezcamos y le permitamos seguir su curso.
No sé si desapareceremos todos o si algunos pocos quedarán. Si nos toca la inmerecida suerte de continuar aquí, al menos tendremos también los datos y la información que nos ayudará a no repetir los errores del pasado y de lo que ahora mismo es el presente. Espero que sepamos aprender de ellos y desarrollar un sistema de organización social sostenible y respetuoso con la Tierra, que es un organismo muchísimo más relevante que lo que pueda ser nuestra especie, que al fin y al cabo no es más que otra de tantas -evolucionada y capaz de crear, sí, pero una más tan sólo-.
Hace poquito leí en un libro maravilloso algo que puso palabras a un sentimiento que estaba tomando forma en lo más profundo de mí, debajo de la consciencia más ordinaria. Dice que hay que aprender a respetar los procesos de vida/muerte/vida. Que hay que saber dejar morir lo que ya no tiene sentido. Y creo que es absolutamente cierto y que nos va llegando la hora de apartarnos y dejar paso a lo siguiente, de dejar que de las cenizas de nuestra civilización nazca otra cosa nueva, distinta, que la vida se haga paso nuevamente después de la muerte que nos ha tocado infundir.
Quiero expresar estos pensamientos que me hacen sentir bien y me dan esperanzas. Aunque sé que a muchos no les parecerán esperanzadores en absoluto, para mí lo son, completamente. El horror pasará y la Vida resurgirá renovada, transformada y vestida de blanco otra vez. Llena de la fuerza y de la pureza que siempre dan los renacimientos.
Es lo que siento.
sábado 25 de octubre de 2008
jueves 16 de octubre de 2008
miércoles 9 de julio de 2008
Mira el péndulo, Duerme, Y ahora... feliz, feliz.
"El jefe de las tortugas se va,
en su pizarra apuntó a los que lo hicieron mal.
Y en el bar del aeropuerto
todo el día viendo el NO-DO.
Ahora el jefe está muy viejo, una mujer a su lado
con un peine mojado le hace la raya en medio.
Y en el bar del aeropuerto
todo el día viendo el NO-DO."
El Jefe de las Tortugas, El Niño Gusano
Sólamente anunciar la muerte de Sergio Algora, ex-vocalista del mítico grupo de pop "El Niño Gusano", y una de las cabezas pensantes de los deliciosos "La Costa brava"; poeta, escritor, columnista... y un largo etcétera que en realidad no me corresponde a mí enumerar.
Sólo quiero compartir con vosotros mi profunda pena y este sentimiento de irrealidad que ahora mismo me está inundando.
Un gran abrazo, fuerte, fuerte, para todos los que le queríamos. Y otro mucho más grande para tí, Sergio, dondequiera que estés. Has enriquecido la vida de muchas personas, la mía desde luego.
en su pizarra apuntó a los que lo hicieron mal.
Y en el bar del aeropuerto
todo el día viendo el NO-DO.
Ahora el jefe está muy viejo, una mujer a su lado
con un peine mojado le hace la raya en medio.
Y en el bar del aeropuerto
todo el día viendo el NO-DO."
El Jefe de las Tortugas, El Niño Gusano
Sólamente anunciar la muerte de Sergio Algora, ex-vocalista del mítico grupo de pop "El Niño Gusano", y una de las cabezas pensantes de los deliciosos "La Costa brava"; poeta, escritor, columnista... y un largo etcétera que en realidad no me corresponde a mí enumerar.
Sólo quiero compartir con vosotros mi profunda pena y este sentimiento de irrealidad que ahora mismo me está inundando.
Un gran abrazo, fuerte, fuerte, para todos los que le queríamos. Y otro mucho más grande para tí, Sergio, dondequiera que estés. Has enriquecido la vida de muchas personas, la mía desde luego.
martes 17 de junio de 2008
Maldita vecindad
Música para la entrada:
¿Recordáis aquel culebrón australiano en el que salían Kylie Minogue y Jason Donovan y que decía algo así como "neeeeeeeighbours, everybody need good neighbours...". Pues esa.
Hoy sólo quiero desahogarme.
Mis vecinos de arriba me van a hacer enfermar. Los niños tienen no sé qué tipo de juego al que todas las tardes, a la hora de la siesta de mi hijo, se dedican a jugar en el suelo. No han puesto alfombras y los dados resuenan en mi techo sin cesar.
Encima, da la casualidad de que mi hijo es de muy mal dormir por las noches, y como me tengo que levantar todos los días a las siete de la mañana para ir a trabajar, normalmente después de haber pasado una noche de terror, siempre intento aprovechar para echarme un rato con él por las tardes y dormir juntos una siesta.
Llevo una semana sin lograr pegar ojo. Esto es así de siempre, pero la última semana la historia se ha vuelto del todo insoportable. Los dichosos dados, o canicas, o lo que rayos sean esos objetos del demonio, rebotan en mi cabeza cada vez que empiezo a coger el sueño. Esta misma tarde, hace escasos diez minutos, cuando por fin me estaba quedando, empezaron con los daditos de marras. Y es que encima parece que lo hacen a propósito buscando la manera de fastidiar más, porque luego pararon un rato, me volví a quedar, y vueeeeelta a empezar.
Lo peor es que son las cinco de la tarde, no puedo quejarme, están en todo su derecho, no tengo excusa para protestar. Es horrible, siento la cabeza estallar por dentro, como si el cerebro me palpitase, me duelen los ojos y las sienes, ¡estoy fatal!, sólo quiero llorar, gritar y golpear paredes.
No hay nada que más desee que vivir en una casa. No soporto más los pisos, no quiero escuchar las miserias de los demás, bastante tengo con las mías. No tengo por qué oir las peleas de las tres locas de abajo, ni las del matrimonio de al lado, ni al perro de los del primero, ni cómo intiman los del sexto izquierda. Y mucho menos, que es lo peor de todo, las malditas canicas de los niños de arriba. Y es que su cocina está sobre mi dormitorio, ¿se lo pueden creer?, ¿a qué clase de arquitecto se le ocurrió semejante idea?. Por las noches, cuando me meto en la cama, parece que su maldita lavadora está a punto de despegar en mis oídos.
Y las canicas... ¡LAS CANICAS, JODER!. Son una tortura en toda regla, me van a volver loca, neurótica, esquizofrénica. Loca, por Dios. Loca perdida. Me están desquiciando, de verdad, no es ninguna broma.
La cabra tira al monte, dicen. Pues eso mismo, al monte quiero tirar yo, pero no tengo dinero.
¿Recordáis aquel culebrón australiano en el que salían Kylie Minogue y Jason Donovan y que decía algo así como "neeeeeeeighbours, everybody need good neighbours...". Pues esa.
Hoy sólo quiero desahogarme.
Mis vecinos de arriba me van a hacer enfermar. Los niños tienen no sé qué tipo de juego al que todas las tardes, a la hora de la siesta de mi hijo, se dedican a jugar en el suelo. No han puesto alfombras y los dados resuenan en mi techo sin cesar.
Encima, da la casualidad de que mi hijo es de muy mal dormir por las noches, y como me tengo que levantar todos los días a las siete de la mañana para ir a trabajar, normalmente después de haber pasado una noche de terror, siempre intento aprovechar para echarme un rato con él por las tardes y dormir juntos una siesta.
Llevo una semana sin lograr pegar ojo. Esto es así de siempre, pero la última semana la historia se ha vuelto del todo insoportable. Los dichosos dados, o canicas, o lo que rayos sean esos objetos del demonio, rebotan en mi cabeza cada vez que empiezo a coger el sueño. Esta misma tarde, hace escasos diez minutos, cuando por fin me estaba quedando, empezaron con los daditos de marras. Y es que encima parece que lo hacen a propósito buscando la manera de fastidiar más, porque luego pararon un rato, me volví a quedar, y vueeeeelta a empezar.
Lo peor es que son las cinco de la tarde, no puedo quejarme, están en todo su derecho, no tengo excusa para protestar. Es horrible, siento la cabeza estallar por dentro, como si el cerebro me palpitase, me duelen los ojos y las sienes, ¡estoy fatal!, sólo quiero llorar, gritar y golpear paredes.
No hay nada que más desee que vivir en una casa. No soporto más los pisos, no quiero escuchar las miserias de los demás, bastante tengo con las mías. No tengo por qué oir las peleas de las tres locas de abajo, ni las del matrimonio de al lado, ni al perro de los del primero, ni cómo intiman los del sexto izquierda. Y mucho menos, que es lo peor de todo, las malditas canicas de los niños de arriba. Y es que su cocina está sobre mi dormitorio, ¿se lo pueden creer?, ¿a qué clase de arquitecto se le ocurrió semejante idea?. Por las noches, cuando me meto en la cama, parece que su maldita lavadora está a punto de despegar en mis oídos.
Y las canicas... ¡LAS CANICAS, JODER!. Son una tortura en toda regla, me van a volver loca, neurótica, esquizofrénica. Loca, por Dios. Loca perdida. Me están desquiciando, de verdad, no es ninguna broma.
La cabra tira al monte, dicen. Pues eso mismo, al monte quiero tirar yo, pero no tengo dinero.
martes 27 de mayo de 2008
Como un pulpo en un garaje, o un niño en la ciudad
Música para la entrada:
"Me tendrás hijo que perdonar
por haberte traído a Wonderland,
este lado del espejo está
tan florido como un cenagal."
"Chapoteosis de chiquillos en la bañera", Chucho.
"Ello significaría que hasta la escuela alternativa más favorable a los niños en la que estos puedan vivir en armonía con su propia naturaleza representaría una medida de emergencia para una sociedad en la que no hay sitio para los niños: algo así como un parque zoológico donde de cuando en cuando se refugian temporalmente seres exóticos que de lo contrario no podrían vivir entre nosotros."
Cita de:
WILD, REBECA: Libertad y límites. Amor y respeto. Herder Editorial, S.L. Barcelona, 2006.
Ahí es nada...
Esta mañana leyendo en el coche, como de costumbre, mientras espero por mi compañera, encontré esta cita que puso palabras exactas a lo que vengo observando durante los últimos años.
Los niños no tienen lugar en esta sociedad. No existen más que pequeños reductos artificiales -parques, locales de fiestas infantiles, guarderías, colegios...- en los que poder moverse sin peligro.
Lugares artificiales, como digo. Preparados por los adultos, que nos tomamos la libertad de decidir en todo momento qué es lo más conveniente para ellos, qué les gusta y qué no, a qué deben jugar, dónde se deben entretener, qué tienen que aprender…
Los niños no tienen tiempo ni espacio donde dar rienda suelta a sus tendencias naturales. No pueden explorar su entorno libres de peligro. Es totalmente imposible en una sociedad como la nuestra.
Las calles de la ciudad son espacios terribles para los niños; en ellas sólo pueden desplazarse de manera ordenada y sin perder de vista a sus acompañantes adultos que constantemente tienen que decirles que no a todo: “no te alejes, no te sueltes, no toques eso que está sucio, no bajes la acera, no cruces solo, no corras…”; y darles directrices sin cesar sobre cómo se tienen que comportar: “camina donde yo te vea, apura, más despacio, camina como una persona…”
Cualquiera que haya estudiado o leído un poco sobre desarrollo infantil -tanto a nivel psicológico como motor, social o emocional-, y sobre todo, cualquiera que esté rodeado de niños y los observe mínimamente, sabe que siguen unas leyes de desarrollo muy definidas, que tienen un motor interior que les impulsa a aprehender por ellos mismos y de modo natural todo lo que les rodea, que no les hace falta demasiada dirección por parte del adulto para ir superando las diferentes etapas de su crecimiento. Si se les deja a su aire, explorando, experimentando, imitando, probando… rápidamente se hacen con el control de su propio cuerpo y del espacio en el que se mueven.
Y no me refiero sólo al hecho de alcanzar logros motóricos inherentes a la especie como por ejemplo el gateo o la bipedestación, sino que yo misma he visto a niños aprender a leer solos, sin ayuda del adulto más que para contestar a las preguntas que ellos hacen. Es cierto, los niños pueden hacer cosas tan fantásticas como esa: preguntan y preguntan qué pone aquí, qué pone allá, cómo suena esta letra, etc. Y acaban desentramando por sí mismos los entresijos del código escrito. Y ni qué decir tiene que lo hacen de modo mucho más enriquecedor y satisfactorio para ellos que de la manera que en la mayoría de los casos los adultos les preparamos a tal fin.
Sin embargo, en un mundo como el nuestro, es casi imposible que los niños lleguen a descubrir algo por sí mismos. No tienen lugares seguros para ello, no pueden explorar el entorno y aprender directamente de las cosas.
No están a su aire, no pueden estarlo. Imaginen a un niño a su aire por las calles de la ciudad. Una locura.
Pues eso es lo que están perdiendo, el aprender el mundo por sí mismos.
No les estamos respetando cuando les obligamos a vivir en un mundo para adultos en el que no pueden participar, donde no hay más que pequeñísimos rinconcitos en los que “soltarlos” para que se sientan libres.
Los niños viven en un mundo que les es hostil y contrario a su naturaleza, que pone cortapisas a su desarrollo y donde no se responde a sus necesidades más básicas de movimiento y libertad.
Con todo esto no quiero decir que no debemos educarles, que no se me entienda mal, una cosa no tiene nada que ver con la otra. Simplemente quiero señalar el hecho de que los niños apenas tienen un hueco respetuoso en medio del frenesí en el que vivimos.
"Me tendrás hijo que perdonar
por haberte traído a Wonderland,
este lado del espejo está
tan florido como un cenagal."
"Chapoteosis de chiquillos en la bañera", Chucho.
"Ello significaría que hasta la escuela alternativa más favorable a los niños en la que estos puedan vivir en armonía con su propia naturaleza representaría una medida de emergencia para una sociedad en la que no hay sitio para los niños: algo así como un parque zoológico donde de cuando en cuando se refugian temporalmente seres exóticos que de lo contrario no podrían vivir entre nosotros."
Cita de:
WILD, REBECA: Libertad y límites. Amor y respeto. Herder Editorial, S.L. Barcelona, 2006.
Ahí es nada...
Esta mañana leyendo en el coche, como de costumbre, mientras espero por mi compañera, encontré esta cita que puso palabras exactas a lo que vengo observando durante los últimos años.
Los niños no tienen lugar en esta sociedad. No existen más que pequeños reductos artificiales -parques, locales de fiestas infantiles, guarderías, colegios...- en los que poder moverse sin peligro.
Lugares artificiales, como digo. Preparados por los adultos, que nos tomamos la libertad de decidir en todo momento qué es lo más conveniente para ellos, qué les gusta y qué no, a qué deben jugar, dónde se deben entretener, qué tienen que aprender…
Los niños no tienen tiempo ni espacio donde dar rienda suelta a sus tendencias naturales. No pueden explorar su entorno libres de peligro. Es totalmente imposible en una sociedad como la nuestra.
Las calles de la ciudad son espacios terribles para los niños; en ellas sólo pueden desplazarse de manera ordenada y sin perder de vista a sus acompañantes adultos que constantemente tienen que decirles que no a todo: “no te alejes, no te sueltes, no toques eso que está sucio, no bajes la acera, no cruces solo, no corras…”; y darles directrices sin cesar sobre cómo se tienen que comportar: “camina donde yo te vea, apura, más despacio, camina como una persona…”
Cualquiera que haya estudiado o leído un poco sobre desarrollo infantil -tanto a nivel psicológico como motor, social o emocional-, y sobre todo, cualquiera que esté rodeado de niños y los observe mínimamente, sabe que siguen unas leyes de desarrollo muy definidas, que tienen un motor interior que les impulsa a aprehender por ellos mismos y de modo natural todo lo que les rodea, que no les hace falta demasiada dirección por parte del adulto para ir superando las diferentes etapas de su crecimiento. Si se les deja a su aire, explorando, experimentando, imitando, probando… rápidamente se hacen con el control de su propio cuerpo y del espacio en el que se mueven.
Y no me refiero sólo al hecho de alcanzar logros motóricos inherentes a la especie como por ejemplo el gateo o la bipedestación, sino que yo misma he visto a niños aprender a leer solos, sin ayuda del adulto más que para contestar a las preguntas que ellos hacen. Es cierto, los niños pueden hacer cosas tan fantásticas como esa: preguntan y preguntan qué pone aquí, qué pone allá, cómo suena esta letra, etc. Y acaban desentramando por sí mismos los entresijos del código escrito. Y ni qué decir tiene que lo hacen de modo mucho más enriquecedor y satisfactorio para ellos que de la manera que en la mayoría de los casos los adultos les preparamos a tal fin.
Sin embargo, en un mundo como el nuestro, es casi imposible que los niños lleguen a descubrir algo por sí mismos. No tienen lugares seguros para ello, no pueden explorar el entorno y aprender directamente de las cosas.
No están a su aire, no pueden estarlo. Imaginen a un niño a su aire por las calles de la ciudad. Una locura.
Pues eso es lo que están perdiendo, el aprender el mundo por sí mismos.
No les estamos respetando cuando les obligamos a vivir en un mundo para adultos en el que no pueden participar, donde no hay más que pequeñísimos rinconcitos en los que “soltarlos” para que se sientan libres.
Los niños viven en un mundo que les es hostil y contrario a su naturaleza, que pone cortapisas a su desarrollo y donde no se responde a sus necesidades más básicas de movimiento y libertad.
Con todo esto no quiero decir que no debemos educarles, que no se me entienda mal, una cosa no tiene nada que ver con la otra. Simplemente quiero señalar el hecho de que los niños apenas tienen un hueco respetuoso en medio del frenesí en el que vivimos.
sábado 1 de diciembre de 2007
Tipología del conductor
Música para la entrada:
"Beep beep, beep beep yeah"
"Drive my car" , The Beatles
Hace aproximadamente tres años tuve un accidente de coche sin importancia que ahora mismo les voy a relatar. Conduciendo yo por el carril del medio de una vía de dos sentidos con tres carriles en el sentido por el que yo circulaba, un coche que circulaba por el carril de mi derecha se me cruzó delante, literalmente y sin poner intermitente, con la intención de incorporarse a una glorieta situada a la izquierda del carril situado a la izquierda del carril por el que yo circulaba; es decir, pretendía salir por el carril de más a la izquierda viniendo del carril de más a la derecha y sin señalizarlo; conmigo en medio, claro.
Como es lógico, le dí en la parte izquierda trasera -en realidad me dio él, pero dejémoslo estar-, y tras salir de mi vehículo para intentar solucionar el entuerto y tomar los datos del "contrincante", tuve que escuchar de boca de su mujer, que iba de copiloto, la famosa, manida y tan poco original frase de: "a tí te dieron el carnet en una tómbola"... Sin entrar en discusiones sobre quién, y quién no, tenía la razón en aquel caso concreto -lo que, por otro lado, creo que está bastante claro-, a raíz del recuerdo de este incidente, y de dos recientes viajes a Gijón y a Zaragoza en coche -amén de los 100 km. que hago cada diariamente para ir a trabajar- se me ha ocurrido abrir un catálogo de todos esos tipos de conductores que campan a sus anchas por las carreteras de este bendito país haciendo la vida, si no imposible, mucho más difícil, al resto de paisanos que circulamos por ahí con la intención de llegar a alguna parte.
No voy a entrar tampoco en la discusión de si el carnet de conducir debe o no debe estar al alcance de cualquiera, que daría para otro post, simplemente abro aquí una lista de tipos de conductores que, digámoslo así, joroban al prójimo, para que todos ustedes añadan aquél que les pone especialmente del hígado.
Vamos a allá:
1. El que se pone a adelantar justo cuando tú estás a punto de adelantarle a él, haciéndote frenar considerablemente para no comértelo con patatas.
1.b El tipo anterior tiene la variante del que una vez realizado el adelantamiento sigue en el carril izquierdo a su velocidad de paseo, sin permitirte continuar a lo tuyo y pasarle.
1.c El tipo 1 tiene también la variante del que, una vez hecho esto, reduce considerablemente su velocidad -e incluso frena- haciendo la operación todavía mucho más tediosa y cansina.
2. El que cambia de carril sin señalizar.
2.b El que cambia REPETIDAMENTE de carril sin señalizar.
2.c El que cambia repetida y bruscamente de carril sin señalizar.
2.d El que cambia de carril repetida y bruscamente, cuando está a tan solo unos centímetros del coche que va delante o al lado, y sin señalizar.
3. (Éste es el que más me repatea) El que no respeta la distancia de seguridad y va comiéndote el culo todo el camino.
3.b El que no respeta la distancia de seguridad y va comiéndote el culo todo el camino, y encima no te adelanta cuando tiene la ocasión, simplemente le gusta ir ahí, aspirando todo tu CO2.
4. El Fernando Alonso, o como yo llamo a los que realizan todas las maniobras a golpe de acelerón y frenazo como si su vehículo fuese un fórmula 1.
5. El que va a velocidad anormalmente reducida, ¡Aggggggg!
6. El que, cuando vas detrás de un camión y te dispones a adelantar, yendo detrás de tí, se te adelanta -valga la redundancia- obligándote a quedarte detrás de ese camión por narices y encima reduciendo la velocidad y la marcha para no empotrarte con el camión, hasta que el susodicho te ha pasado.
6.b El que lo hace en una cuesta arriba, que jode mucho más porque luego recuperar el empuje y ponerse a adelantar de nuevo cuesta mucho más.
6.c El que lo hace a continuación de otros que ya lo han hecho antes, con lo cual tú te quedas perpetuamente detrás del maldito camión viendo cómo todos los julais que vienen detrás te van pasando y asi eternamente. Ooops, pero si el julai eres tú, que vas como un idiota detrás del camión.
7. El que va en medio de dos carriles dando bandazos sin dejarte la posibilidad de adelantar por miedo a que te barra de la pista.
8. El que se pone a acelerar cuando le estás adelantando sólo porque le jode que le adelantes.
9. El que te va adelantando a velocidad de paseo, tardando una eternidad y haciendo que llegues al coche de delante con él pegado a tu izquierda y tengas que reducir para no comerte al otro y dejarle pasar.
10. El que va detrás de tí con las largas puestas cegándote a través del retrovisor.
Y podría seguir, ¡pero no acabaría nunca!, así que lo voy a dejar en 10 para darles la oportunidad de añadir alguno que aún no haya citado. Por favor, siéntanse libres de poner sus top 10 ( ó 5, ó 3, ó 1) de conductores desquiciantes.
"Beep beep, beep beep yeah"
"Drive my car" , The Beatles
Hace aproximadamente tres años tuve un accidente de coche sin importancia que ahora mismo les voy a relatar. Conduciendo yo por el carril del medio de una vía de dos sentidos con tres carriles en el sentido por el que yo circulaba, un coche que circulaba por el carril de mi derecha se me cruzó delante, literalmente y sin poner intermitente, con la intención de incorporarse a una glorieta situada a la izquierda del carril situado a la izquierda del carril por el que yo circulaba; es decir, pretendía salir por el carril de más a la izquierda viniendo del carril de más a la derecha y sin señalizarlo; conmigo en medio, claro.
Como es lógico, le dí en la parte izquierda trasera -en realidad me dio él, pero dejémoslo estar-, y tras salir de mi vehículo para intentar solucionar el entuerto y tomar los datos del "contrincante", tuve que escuchar de boca de su mujer, que iba de copiloto, la famosa, manida y tan poco original frase de: "a tí te dieron el carnet en una tómbola"... Sin entrar en discusiones sobre quién, y quién no, tenía la razón en aquel caso concreto -lo que, por otro lado, creo que está bastante claro-, a raíz del recuerdo de este incidente, y de dos recientes viajes a Gijón y a Zaragoza en coche -amén de los 100 km. que hago cada diariamente para ir a trabajar- se me ha ocurrido abrir un catálogo de todos esos tipos de conductores que campan a sus anchas por las carreteras de este bendito país haciendo la vida, si no imposible, mucho más difícil, al resto de paisanos que circulamos por ahí con la intención de llegar a alguna parte.
No voy a entrar tampoco en la discusión de si el carnet de conducir debe o no debe estar al alcance de cualquiera, que daría para otro post, simplemente abro aquí una lista de tipos de conductores que, digámoslo así, joroban al prójimo, para que todos ustedes añadan aquél que les pone especialmente del hígado.
Vamos a allá:
1. El que se pone a adelantar justo cuando tú estás a punto de adelantarle a él, haciéndote frenar considerablemente para no comértelo con patatas.
1.b El tipo anterior tiene la variante del que una vez realizado el adelantamiento sigue en el carril izquierdo a su velocidad de paseo, sin permitirte continuar a lo tuyo y pasarle.
1.c El tipo 1 tiene también la variante del que, una vez hecho esto, reduce considerablemente su velocidad -e incluso frena- haciendo la operación todavía mucho más tediosa y cansina.
2. El que cambia de carril sin señalizar.
2.b El que cambia REPETIDAMENTE de carril sin señalizar.
2.c El que cambia repetida y bruscamente de carril sin señalizar.
2.d El que cambia de carril repetida y bruscamente, cuando está a tan solo unos centímetros del coche que va delante o al lado, y sin señalizar.
3. (Éste es el que más me repatea) El que no respeta la distancia de seguridad y va comiéndote el culo todo el camino.
3.b El que no respeta la distancia de seguridad y va comiéndote el culo todo el camino, y encima no te adelanta cuando tiene la ocasión, simplemente le gusta ir ahí, aspirando todo tu CO2.
4. El Fernando Alonso, o como yo llamo a los que realizan todas las maniobras a golpe de acelerón y frenazo como si su vehículo fuese un fórmula 1.
5. El que va a velocidad anormalmente reducida, ¡Aggggggg!
6. El que, cuando vas detrás de un camión y te dispones a adelantar, yendo detrás de tí, se te adelanta -valga la redundancia- obligándote a quedarte detrás de ese camión por narices y encima reduciendo la velocidad y la marcha para no empotrarte con el camión, hasta que el susodicho te ha pasado.
6.b El que lo hace en una cuesta arriba, que jode mucho más porque luego recuperar el empuje y ponerse a adelantar de nuevo cuesta mucho más.
6.c El que lo hace a continuación de otros que ya lo han hecho antes, con lo cual tú te quedas perpetuamente detrás del maldito camión viendo cómo todos los julais que vienen detrás te van pasando y asi eternamente. Ooops, pero si el julai eres tú, que vas como un idiota detrás del camión.
7. El que va en medio de dos carriles dando bandazos sin dejarte la posibilidad de adelantar por miedo a que te barra de la pista.
8. El que se pone a acelerar cuando le estás adelantando sólo porque le jode que le adelantes.
9. El que te va adelantando a velocidad de paseo, tardando una eternidad y haciendo que llegues al coche de delante con él pegado a tu izquierda y tengas que reducir para no comerte al otro y dejarle pasar.
10. El que va detrás de tí con las largas puestas cegándote a través del retrovisor.
Y podría seguir, ¡pero no acabaría nunca!, así que lo voy a dejar en 10 para darles la oportunidad de añadir alguno que aún no haya citado. Por favor, siéntanse libres de poner sus top 10 ( ó 5, ó 3, ó 1) de conductores desquiciantes.
domingo 4 de noviembre de 2007
Cumpleaños Feliz
Música para la entrada:
"Yes we're going to a party party
Yes we're going to a party party
Yes we're going to a party party."
"Birthday", The Beatles
Ayer acompañé a mi hijo a su primera fiesta de cumpleaños en calidad de invitado.
Fue emocionante. Sentí tanta ilusión como si yo misma fuese la homenajeada.
Pasé la mañana nerviosa esperando que llegara la hora, deseando estar ya allí.
La protagonista cumplía cuatro años y también estaba emocionada. Mi hijo, con 15 meses escasos, dudo mucho que se haya enterado bien de lo que allí ocurría, pero de lo que estoy segura es de que sí percibió que se trataba de una ocasión especial.
Se lo pasó en grande, comió aceitunas como si no hubiese un mañana, se tiró al suelo a recoger los regalitos de lapiñata como el que más, bailó al son de canciones infantiles,jugó con niños y adultos y recorrió la casa en busca de tesoros que los piratas habían escondido...
Sí, mi bebé lo pasó muy bien, pero casi estoy por asegurar que la que en verdad disfrutó del acontecimiento, en realidad, fui yo... Y no sólo por verlo a él contento, jugando con otros niños y disfrutando de la fiesta, sino porque todo aquello me hizo revivir todas mis fiestas de cumpleaños, las de mis hermanos y las de mis amigos; aquella época dorada que viví con tanta intensidad jugando al escondite en habitaciones a oscuras, atiborrándome a gominolas y filipinos rociados de fanta en la cocina de la casa de mis padres o de los padres de mis amigos... Fui tan, tan, tan inmensamente feliz en todas aquellas fiestas que ardo en deseos de ver a mi hijo disfrutar igual, exprimir al máximo esos momentos inocentes de lúdico frenesí entre el "parchís" y el "enredos", pidiendo a nuestras madres "un rato más por favor", cuando nos llamaban para marchar.
Hoy me doy cuenta de lo rápido que crecemos y lo mucho que perdemos con tanta prisa por ser mayores... No siento haber aprovechado todo aquello lo bastante, no me había cansado de cumpleaños todavía, no me harté de jugar a polis y cacos, de subirme a los árboles, de abrir regalos el día de Reyes. Y sé también que ahora, con mi hijo, tengo una segunda oportunidad de exprimir al máximo todo eso; y no pretendo vivir a través de él ni arrebatarle los momentos que son suyos, sino acompañarle y vibrar al ver su cara de entusiasmo, al compartir con él tardes de juego, al explorar lugares nuevos, al columpiarse en el parque, al organizar sus colecciones de cromos, al tirarse "a la bomba" a la piscina, al apagar las velas de las tartas...
Gracias Kike por todo lo que me estás dando, espero saber dar la talla y que tú también estés contento de que yo sea tu madre, porque tú eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
"Yes we're going to a party party
Yes we're going to a party party
Yes we're going to a party party."
"Birthday", The Beatles
Ayer acompañé a mi hijo a su primera fiesta de cumpleaños en calidad de invitado.
Fue emocionante. Sentí tanta ilusión como si yo misma fuese la homenajeada.
Pasé la mañana nerviosa esperando que llegara la hora, deseando estar ya allí.
La protagonista cumplía cuatro años y también estaba emocionada. Mi hijo, con 15 meses escasos, dudo mucho que se haya enterado bien de lo que allí ocurría, pero de lo que estoy segura es de que sí percibió que se trataba de una ocasión especial.
Se lo pasó en grande, comió aceitunas como si no hubiese un mañana, se tiró al suelo a recoger los regalitos de lapiñata como el que más, bailó al son de canciones infantiles,jugó con niños y adultos y recorrió la casa en busca de tesoros que los piratas habían escondido...
Sí, mi bebé lo pasó muy bien, pero casi estoy por asegurar que la que en verdad disfrutó del acontecimiento, en realidad, fui yo... Y no sólo por verlo a él contento, jugando con otros niños y disfrutando de la fiesta, sino porque todo aquello me hizo revivir todas mis fiestas de cumpleaños, las de mis hermanos y las de mis amigos; aquella época dorada que viví con tanta intensidad jugando al escondite en habitaciones a oscuras, atiborrándome a gominolas y filipinos rociados de fanta en la cocina de la casa de mis padres o de los padres de mis amigos... Fui tan, tan, tan inmensamente feliz en todas aquellas fiestas que ardo en deseos de ver a mi hijo disfrutar igual, exprimir al máximo esos momentos inocentes de lúdico frenesí entre el "parchís" y el "enredos", pidiendo a nuestras madres "un rato más por favor", cuando nos llamaban para marchar.
Hoy me doy cuenta de lo rápido que crecemos y lo mucho que perdemos con tanta prisa por ser mayores... No siento haber aprovechado todo aquello lo bastante, no me había cansado de cumpleaños todavía, no me harté de jugar a polis y cacos, de subirme a los árboles, de abrir regalos el día de Reyes. Y sé también que ahora, con mi hijo, tengo una segunda oportunidad de exprimir al máximo todo eso; y no pretendo vivir a través de él ni arrebatarle los momentos que son suyos, sino acompañarle y vibrar al ver su cara de entusiasmo, al compartir con él tardes de juego, al explorar lugares nuevos, al columpiarse en el parque, al organizar sus colecciones de cromos, al tirarse "a la bomba" a la piscina, al apagar las velas de las tartas...
Gracias Kike por todo lo que me estás dando, espero saber dar la talla y que tú también estés contento de que yo sea tu madre, porque tú eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
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